El Juego

Aunque el juego es una actividad característica en los cachorros de la mayoría de especies, en los perros la conducta del juego se observa también entre los adultos.

En el juego los peluditos comprenden mejor su entorno, el funcionamiento de las cosas, aprendan a respetar a los demás y a seguir reglas básicas de su conducta. Cuando juegan aprenden a controlar su fuerza y sus instintos; a reaccionar de forma correcta frente a estímulos que surgen a su alrededor. Además ayuda a su socialización, a la adaptación del entorno y desarrollo de habilidades y destrezas de gran importancia para su futuro.

Para los perritos jóvenes, el juego tiene la finalidad de practicar una conducta que será necesaria para cuando sea adulto. Por ejemplo, con el juego del lucha, aprenderán los límites aceptables de la mordida (inhibición de la mordida). Para los perros adultos, el sentido es de la interacción social. Aunque a veces parece solamente diversión, también puede ser usado para escalar en su estatus jerárquico, evaluar las condiciones físicas de su adversario, o desviar una agresión.

Por otro lado, con el juego nuestros amigos de cuatro patas hacen ejercicio, se desahogan y desprenden energía acumulada. Si esta energía no se liberara, podría generar problemas de estrés y ansiedad o convertir a nuestro peludo en un animalito destructor e incluso violento.

La implicación de nosotros como responsables de nuestros perros debe consistir en:
Algunos juegos, como el tirar de la cuerda, parecen no implicar lucha, pero sin embargo son juegos que favorecen la dominancia.  Con lo cual los humanos somos los que debemos llevar la voz cantante y quien consiga quedarse con el juguete, porque si no, el perros se sentirá más fuerte y que pueden con nosotros.

Al momento de darle un objeto, lo mejor es tirárselo al aire, ya que si se lo das en la boca puede malinterpretar que te lo ha quitado de las manos y que el tiene el control.

El juego debe finalizar cuando tu deseas.

Se le debe enseñar a traernos el juguete, no debemos perseguirlo para cogérselo.

Para jugar tranquilamente sería muy buena idea llevarlo a un lugar apartado de la ciudad donde tenga extensión de terreno para poder correr y brincar libremente.

Si vemos que nuestro peludito empieza adoptar una  actitud violenta o demasiado temperamental, lo mejor es interrumpir el juego.

Si jugamos con nuestro perro reforzaremos el vínculo entre ambos, favoreciendo la convivencia y el respeto mutuo.

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